Esta será la imagen de Néstor Kirchner con que mucho nos quedaremos
Como en todas las últimas noticias importantes, me enteré vía Twitter. Realmente no podía creer el primer tweet que decía "Murió Néstor Kirchner". Las webs de los medios todavía tenían la información de que estaba internado. Fueron apareciendo más y más tweets, conecté la radio y se lo escuché decir a Víctor Hugo Morales. Estaba confirmado, pero yo todavía no podía creerlo.
Terminé la primaria justo cuando comenzaba la infame década del noventa, y me costaba entender la rabia de mi viejo por la traición del "turco hijo de puta de ese" a quien había seguido como muchos otros, y lo había defraudado como si el slogan de campaña hubiera sido una burla del que ahora era el peor enemigo.
Mientras intentaba entender que era un "vendepatria", todos nos reíamos con los bloopers de los gomas de Tinelli, los que podían (nosotros no) viajaban a Miami para gozar la convertibilidad, y volvían con las valijas cargadas de regalos comprados con nuestra moneda de "primer mundo", equiparada al dólar americano.
La política no servía para nada, nos decían, era solo un antro de corrupción, algo inútil que era mejor eliminar "achicando" el Estado, y así dejábamos que el mercado todo lo regule, o desregule, porque el lema era: "la mejor legislación es que no haya ninguna"
Quizá mi imposibilidad para comprender todo eso, me hizo cambiar de idea, en vez de Arquitectura preferí estudiar comunicación. En la facultad pasé el fin del menemismo, el patético gobierno de la Alianza, los cinco presidentes en 10 días, el "que se vayan todos" y que venga Duhalde. ¿Cómo creer que política podría cambiar algo realmente?
El día que asumió Néstor Kirchner, con una segunda vuelta negada por la mezquindad política del traidor de siempre, y con menos porcentaje de votos que el índice de desocupación, hubo algo en su discurso, en ese andar torpe entre la gente, en esos cabezazos a las cámaras que me dieron un atisbo de esperanza.
Argentina comenzó a ordenarse políticamente, y a crecer económicamente, el intento de transversalidad y la política de derechos humanos (representada en la foto) fueron los primeros indicios de que los educados en los noventa, estábamos frente a algo nuevo. A pesar del profundo enojo que me provocaba su pacto con Clarín, y el crecimiento económico desmedido de unos pocos "sojeros", sentí que algo había cambiado en el país, y ese algo era la vuelta de la política al primer plano, la posibilidad de discutir.
En el 2006 le hice una entrevista a Silvia Bleichmar por su libro "No me hubiera gustado morir en los 90" donde ella me decía que "estamos en un momento más digno del continente" y yo también empezaba a sentir lo mismo, cada vez con más fuerza.
Los importantes procesos de transformación social llevados adelante por la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que son muchos y no voy a enumerar, y de los cuáles solo nombro como ejemplo relacionado directamente a mi profesión la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual me hicieron sentir más digno que nunca, mas esperanzado que nunca, y mas convencido de que la participación política (no exclusivamente partidaria) es el motor esencial para la transformación y la inclusión social.
Viendo la magnitud de la batalla contra los poderes establecidos, entiendo más algunos pactos de sostenibilidad en un momento frágil del país, y me pregunto si habrá sido casualidad, coyuntura, oportunismo político ¿o una estrategia clara el primero fortalecerse para luego dar la batalla? Como sea, el objetivo está logrado y me dieron ganas de hacer este repaso de los últimos 20 años de mi vida, para decirle a Néstor en el día de su partida:
¡Sinceramente GRACIAS POR DEVOLVERNOS LA POLÍTICA!


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